Cuando el entretenimiento se convierte en estrategia: el caso Real Adventure

Por:

Durante años, el entretenimiento en hoteles familiares se entendió como una parte más de la operativa. Actividades, shows, miniclubs y programación diaria que complementaban la estancia, pero que rara vez condicionaban el producto en sí.

Sin embargo, el sector lleva tiempo evolucionando hacia otra dirección. En un contexto donde los básicos, como ubicación, instalaciones o servicio ya no son suficientes para diferenciarse, empieza a ganar peso una idea distinta: la experiencia ya no se diseña alrededor del hotel; el hotel empieza a diseñarse alrededor de la experiencia.

Y ahí es donde aparece Real Adventure. Desarrollado por Dreamplace Hotels & Resorts en el hotel Gran Tagoro (Lanzarote) en colaboración con la Consultoría de entretenimiento de Acttiv, este proyecto nos permitió trabajar algo que cada vez vemos con más frecuencia desde la consultoría: cómo transformar el entretenimiento en un eje estratégico capaz de conectar espacios, narrativa, operativa y experiencia de cliente bajo una misma lógica.

La diferencia entre tematizar y conceptualizar

Cuando se empezó a trabajar el proyecto en 2019, el hotel ya contaba con una propuesta familiar consolidada. Había mascotas, actividades y una operativa bien valorada por los huéspedes. Pero la pregunta ya no era cómo añadir más entretenimiento, sino cómo construir algo con mayor coherencia y capacidad de diferenciación. “Decidimos ir un paso más allá y construir un storytelling”, explica Ana de Ucelay, Product & Brand Director en Dreamplace Hotels.

Ese primer movimiento fue importante porque cambió el enfoque del proyecto. Lo que inicialmente podía parecer una evolución de la animación terminó convirtiéndose en algo mucho más profundo: un proceso de conceptualización.

Una de los evidencias más interesantes del proceso de desarrollo de Real Adventure es que tematizar y conceptualizar no son lo mismo. La tematización puede funcionar visualmente, puede generar impacto inmediato pero, muchas veces se queda ahí: en una intervención estética o puntual.

La conceptualización, en cambio, implica construir un sistema. Un sistema donde espacios, operativa, narrativa, experiencia de cliente y comunicación responden a una misma idea. Donde cada decisión tiene sentido dentro de un conjunto más grande.

“Entendimos que no estábamos decorando una zona, sino trabajando sobre el ADN de la marca”, explica Rosa Sanz, consultora de entretenimiento en Acttiv.

Y eso cambia completamente la manera de trabajar. Porque deja de tratarse únicamente de diseñar actividades o tematizar espacios. Se trata de construir coherencia.

Un universo pensado para vivirse

En el caso de Real Adventure, esa coherencia toma forma a través de cuatro mundos (pirata, medieval, deportivo y espacial) que estructuran la experiencia del huésped y permiten desarrollar propuestas adaptadas a distintos perfiles familiares. Pero lo importante no son únicamente los mundos, lo importante es cómo esos mundos atraviesan todo el hotel.

Habitaciones tematizadas, espacios comunes, señalética, actividades, storytelling y experiencia digital previa a la llegada forman parte de una misma narrativa. Incluso la manera en la que el huésped descubre el hotel antes de viajar empieza a formar parte de la experiencia.

“El gran cambio es cuando el entretenimiento deja de ser algo que ocurre a una hora concreta para convertirse en algo que se vive en cada rincón del hotel”, resume Ana de Ucelay.

Y probablemente ahí está una de las claves más relevantes del proyecto.

Porque cuando el entretenimiento deja de entenderse como programación y empieza a formar parte estructural del producto, cambia también el papel que ocupa dentro del negocio.

El valor del acompañamiento

Muchas veces el sector pone el foco únicamente en el resultado final: la nueva zona, el diseño, el impacto visual… Pero detrás de proyectos así hay años de trabajo compartido, toma de decisiones, ajustes y construcción conjunta.

En Real Adventure, el proceso de consultoría ha sido precisamente eso: un trabajo continuado que ha ido desde la escucha inicial y la conceptualización hasta la implementación, la formación de equipos y el seguimiento posterior. Porque las ideas, por sí solas, no transforman productos. Lo que realmente transforma un producto es la capacidad de sostener esa idea en el tiempo y conseguir que siga viva en la operativa diaria.

“Si no hay acompañamiento, es muy fácil quedarse en la idea”, explica Rosa Sanz. Y esa es probablemente una de las diferencias más importantes entre plantear un concepto y conseguir que funcione de verdad dentro de un hotel.

Cuando el entretenimiento deja de ser un complemento

Durante mucho tiempo, el entretenimiento hotelero se percibió como un valor añadido. Algo importante, sí, pero secundario frente a otros atributos más tradicionales. Sin embargo, esa percepción está cambiando. Cada vez más proyectos empiezan a entender el entretenimiento como un activo estratégico con impacto directo en la experiencia, la diferenciación e incluso la rentabilidad.

En el caso de Real Adventure, ese cambio se hace especialmente visible porque el concepto no se limita a generar experiencias memorables, sino que ayuda a construir identidad de marca. Y ahí es donde el entretenimiento deja de ser únicamente entretenimiento para convertirse en estrategia.

Más allá del caso concreto de Gran Tagoro, Real Adventure refleja una tendencia que empieza a consolidarse en el sector turístico: la necesidad de construir productos con más coherencia, más personalidad y más capacidad de generar conexión emocional.

Ya no se trata solo de añadir servicios o ampliar instalaciones. Se trata de diseñar experiencias que tengan sentido de principio a fin. Porque el huésped recuerda muchas menos cosas de las que creemos, pero sí recuerda cómo se sintió durante la estancia. Y probablemente esa sea la verdadera oportunidad que tienen hoy los hoteles familiares.

También te puede interesar…

El blog de acttiv

Ver todos los artículos